Ridley Scott regresa a la ciencia ficción con La guerra de los últimos (The Dog Stars), una película postapocalíptica que, al menos durante sus primeros minutos, parece tener todos los elementos para funcionar: un mundo destruido, pocos sobrevivientes, grupos peligrosos, cultos, un protagonista cargando con las pérdidas del pasado y, por supuesto, un perro.

El problema es que conforme avanzan sus casi dos horas, la película cambia tantas veces de rumbo que resulta complicado entender qué quería contar realmente.

Basada en la novela de Peter Heller, la historia nos presenta a Hig, interpretado por Jacob Elordi, un piloto que sobrevive junto a su perro Jasper y Bangley, un exmilitar interpretado por Josh Brolin. Ambos han conseguido establecer una especie de refugio en un aeropuerto abandonado, desde donde intentan mantenerse con vida después de que una pandemia acabara con buena parte de la humanidad. Hasta aquí todo suena bastante conocido. Y lo es.

Es difícil no pensar en The Last of Us

Desde sus primeros minutos, La guerra de los últimos recuerda muchísimo a The Last of Us. No necesariamente porque copie directamente algo del videojuego o de la serie, sino por la forma en que presenta este mundo abandonado, sus comunidades, la naturaleza recuperando espacios que antes pertenecían a las personas y esa sensación constante de que encontrarse con otro ser humano puede ser bastante más peligroso que cualquier otra cosa.

Incluso la música tiene momentos que inevitablemente recuerdan al trabajo de Gustavo Santaolalla. Guitarras tranquilas acompañando grandes paisajes, personajes caminando en silencio y secuencias que parecen construidas alrededor de la contemplación.

Si has jugado suficientes títulos postapocalípticos, probablemente vas a reconocer muchas otras cosas. Hay zonas que parecen sacadas de un videojuego, encuentros con grupos hostiles, exploración, supervivencia y hasta momentos en los que parece que estamos esperando que aparezca una misión secundaria.

Y eso no necesariamente sería algo malo si The Dog Stars lograra construir una identidad propia alrededor de todos estos elementos. Nunca termina de hacerlo.

De The Last of Us a Fallout, Call of Duty y… Midsommar

Quizá lo más extraño de la película es cómo cambia constantemente la sensación que transmite.

Empieza siendo The Last of Us. Después tiene momentos que parecen sacados de Fallout. Hay secuencias de acción que prácticamente podrían pertenecer a una campaña de Call of Duty y para cuando llegamos a su última parte, la película adopta un tono tan diferente que por momentos parece que entramos accidentalmente a Midsommar. Todo esto sin entrar en spoilers.

Individualmente hay ideas interesantes. El problema es juntarlas. La cinta pasa de la contemplación a la acción, después intenta construir relaciones personales, vuelve a la supervivencia y eventualmente introduce situaciones bastante más extrañas. El resultado termina sintiéndose como varias películas pequeñas unidas dentro de una misma historia, pero ninguna permanece suficiente tiempo como para desarrollarse completamente.

Y curiosamente esta irregularidad también fue señalada por algunos colegas cuando salimos de la sala, y compartimos nuestras primeras críticas de la película, que coincidían en que hay buenas ideas y momentos aislados que funcionan, pero que no siempre encuentran una conexión clara entre ellos.

Josh Brolin termina robándose la película

Jacob Elordi funciona como Hig. Es un personaje que todavía carga con lo que perdió y que, a diferencia de otros sobrevivientes, conserva cierto interés por encontrar algo más allá de simplemente seguir respirando.

Aunque también hay una decisión visual bastante curiosa: Ridley Scott parece estar muy consciente de que tiene a Jacob Elordi frente a la cámara.

Hay muchas tomas de Hig mirando hacia algún lugar, caminando, sentado, volando o simplemente existiendo mientras la fotografía se asegura de recordarnos que Jacob Elordi es un hombre bastante guapo. No es precisamente un problema, pero llega un punto donde resulta hasta gracioso.

Quien realmente terminó gustándome más fue Josh Brolin. Bangley representa prácticamente el extremo contrario a Hig. Es pragmático, violento cuando necesita serlo y entiende este nuevo mundo como un lugar donde sobrevivir está por encima de prácticamente cualquier otra cosa. Brolin además consigue darle suficiente personalidad para que algunas de sus intervenciones sean de los momentos más entretenidos de la cinta.

La dinámica entre ambos funciona mejor que varias de las relaciones que la película intenta construir posteriormente.

Margaret Qualley y una relación que nunca termina de despegar

Eventualmente aparece Cima, interpretada por Margaret Qualley, y desde prácticamente el primer encuentro queda claro hacia dónde quiere llevarnos la película con ella y Hig.

Hay tensión. Hay miradas. Hay momentos diseñados específicamente para acercarlos, pero nunca terminé de comprar la relación.

No porque Elordi y Qualley funcionen mal juntos, sino porque el guion parece dar por hecho una conexión que necesitaba bastante más desarrollo. La película quiere que entendamos lo que representan el uno para el otro antes de darnos suficientes razones para involucrarnos realmente con ellos.

Y ese problema termina siendo representativo de La guerra de los últimos en general: constantemente parece estar a punto de llegar a algún lado, pero nunca llega.

Una película donde nunca ocurre “ese momento”

Hay acción. Hay violencia. Hay supervivientes. Hay infectados. Hay cultos. Hay pérdidas. Hay romance, y sin embargo, cuesta encontrar un momento verdaderamente decisivo.

Ese instante que recuerdas cuando sales de la sala. Nunca hay una secuencia que alcance suficiente intensidad como para dejarte completamente tenso, ni un momento emocional capaz de romperte, ni tampoco uno particularmente divertido que cambie el ritmo de la experiencia.

La película simplemente avanza. Incluso algunas situaciones que deberían representar puntos importantes para los personajes pasan con una rapidez extraña. Hay consecuencias, pero pocas veces se sienten realmente pesadas.

Eso hace que The Dog Stars resulte curiosamente tranquila para todo lo que está sucediendo en pantalla.

Ridley Scott todavía sabe hacer que algo se vea increíble

Donde es difícil poner demasiadas quejas es en el apartado visual. La guerra de los últimos es una película muy bonita.

Los paisajes, los vuelos y varias tomas abiertas aprovechan muchísimo la escala de la pantalla. Se nota que es una producción pensada para disfrutarse en una sala grande y hay momentos en los que simplemente contemplamos este mundo vacío mientras la cámara se toma su tiempo. Al principio funciona muy bien, después comienza a cansar.

Hay tantas tomas contemplativas que eventualmente algunas empiezan a sentirse como relleno. Un paisaje espectacular deja de sorprender cuando llevamos varios minutos viendo paisajes espectaculares sin que la historia avance demasiado.

Aun así, Ridley Scott sigue teniendo muy buen ojo para construir imágenes. Incluso cuando la historia pierde fuerza, visualmente siempre hay algo interesante que observar.

Muchas buenas piezas que nunca forman algo completo

Lo frustrante de La guerra de los últimos es que tampoco podría decir que sea una mala película.

Tiene buenas actuaciones, algunos enfrentamientos funcionan bastante bien, Josh Brolin está excelente, visualmente tiene momentos preciosos y la premisa todavía puede resultar atractiva para quienes disfrutamos este tipo de historias.

Simplemente nunca termina de encontrar aquello que la haga especial. Ridley Scott toma elementos de prácticamente todo el catálogo moderno del postapocalipsis y los coloca dentro de una película que cambia constantemente de personalidad. Por momentos quiere hablar sobre el duelo, después sobre la necesidad de conectar con otras personas, luego sobre supervivencia y eventualmente abraza situaciones mucho más extrañas.

Hay una película interesante escondida aquí. Quizá incluso hay varias, pero el problema es que La guerra de los últimos nunca decide cuál de todas quiere ser.

Calificación: 3/5

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